
La economía hegemónica actual la podemos calificar como lineal porque se basa en un sistema que empieza por la extracción de materias primas que van a un proceso de fabricación, venta para su utilización y eliminación como residuo. Una línea que daña al medio natural en cada una de esas fases. Este modelo industrial es el imperante y aunque ha logrado en un porcentaje cada vez mayor ir reduciendo sus impactos negativos, el crecimiento del número de fábricas supone un impacto que no ha dejado de subir.
Se empieza a vislumbrar el agotamiento de una serie de recursos naturales como materias primas que producen problemas en la cadena de suministro. Pero sobre todo el modelo de producción industrial lineal debe terminar por las consecuencias en daño medioambiental producido por el uso masivo de combustibles fósiles, generación de contaminación del aire y acústica, pérdida de espacios naturales, extracción de materias primas, generación de millones de toneladas de residuos, etc.
La economía circular propone un nuevo modelo de producción industrial que utiliza y optimiza los stocks y los flujos de materiales, energía y residuos y su objetivo es la eficiencia del uso de los recursos.La economía circular consigue convertir nuestros residuos en materias primas de tal manera que cuando el producto acaba su vida útil será tratado y podrá reutilizarse los materiales que lo componen como nuevas materias primas para su uso, de esta manera se limitan dos fases dañinas medioambientalmente: la extracción minera de materias primas y la generación de residuos. Los residuos de unos se convierten en recursos para otros.
No obstante, el reciclaje por sí solo no asegura la circularidad de la economía. Es necesario que la energía que alimente el proceso industrial sea de origen renovable. También debemos de considerar economía circular aquellos negocios que comercializan el alquiler en vez de la compra. O aquellos comercios de venta de productos de segunda mano.
En un contexto de escasez y fluctuación de los costes de las materias primas, la economía circular contribuye a la seguridad del suministro y a la reindustrialización del territorio nacional.
Para el desarrollo de la economía circular van extendiéndose políticas públicas para financiar y apoyar a la industria que adopta estrategias de economía circular, facilitar incentivos a la investigación para alargar la vida de los productos, o a procesos que desarrollen nuevos sistemas para la separación de residuos o para su separación en las plantas de tratamiento.
Gracias a la capacidad económica de las administraciones públicas en sus políticas de contratación deben de discriminar aquellos productos y empresas que hayan adoptado la circularidad en su estrategía productiva.
Las políticas de castigo fiscal a aquellas empresas con prácticas más contaminantes y que no van incorporando métodos y estrategias para encaminar su producción hacía la circularidad también son necesarias. El principio de quien contamina, paga podría ayudar mucho más a la generación de un sector industrial y comercial cada vez más cercano a la economía circular.