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La economía colaborativa es un modelo económico que se basa en el intercambio, la puesta en conjunto y la colaboración entre individuos de bienes, servicios, recursos y tiempo en los cuales no siempre tiene que haber un intercambio monetario .
La economía colaborativa ha comenzado a tener una especial importancia desde el desarrollo de unas plataformas de Internet que logran comunicar a los agentes de esta economía.
Colaborar fue una decisión que tomamos en el Paleolítico hace millones de años porque era mejor y más posible vivir en grupo que individualmente. Antes de la irrupción de las plataformas de Internet la economía colaborativa se veía limitada a nuestro círculo más cercano y a nuestro ámbito geográfico, pero con la aparición de las tecnologías de la comunicación es posible llegar más allá de estas limitaciones pudiendo conectar con personas de todo el mundo.
Existen múltiples ventajas de la economía colaborativa, pero podemos destacar varias de ellas.
1.- Con la economía colaborativa se optimizan los recursos.
2.- En muchas ocasiones se trata de bienes o servicios que no estaban siendo completamente utilizados, por lo que sus dueños deciden vendérselos o cambiárselos a personas que realmente están interesados.
3.- Para los participantes en el intercambio de bienes y servicios supone un indudable ahorro económico porque puede satisfacer sus necesidades sin gastar dinero o solo gastando una cantidad sensiblemente menor que en el mercado tradicional de las empresas
4.- En una sociedad y economía liderada por la competitividad como opción prioritaria, la economía colaborativa recupera otra forma de economía que aspira a diseñar sociedades más justas.
5.- La mejora de productividad que logra la economía colaborativa también se produce porque podemos compartir bienes infrautilizados.
6.- La tecnología y los datos disponibles nos permiten optimizar mucho mejor los recursos escasos del planeta.
7.- También nos facilita una vía para producir más y estar más cerca de la economía de la abundancia.
Pero hay riesgos claros en el horizonte, la otra cara de la realidad nos dice que no hay ninguna garantía de que este aumento de riqueza mundial sea repartida entre todos los habitantes del planeta. Las plataformas de economía “colaborativa” más conocidas, más exitosas buscan su beneficio al estilo capitalista y parecen obviar un criterio mínimo de justicia social. Airbnb, Windu, Rentalia, Workaway, etc se han convertido en grandes empresas que genera beneficios sustanciosos y que están también facilitando a fondos de inversión en patrimonio inmobiliario unas cuantiosas rentas que han tenido consecuencias negativas para el precio de los alquileres de la vivienda o en el aumento de la explotación laboral.
Aunque empezaron como tal, para nosotros, ejemplos de economía colaborativa no son Uber, ni Airbnb, ni Glovo, ni ninguna de estas grandes compañías. Estas son multinacionales que han logrado usar el concepto de economía colaborativa para deteriorar las relaciones de trabajo y por tanto impulsar la explotación laboral y la pérdida de los derechos de los trabajadores con la excusa de que son “emprendedores” y no fuerza laboral con ausencias de derechos.
¿Repiten las plataformas vinculadas a la economía colaborativa el mismo modelo de las grandes corporaciones tradicionales? En gran parte de su negocio, si. Aunque también es cierto que han logrado romper con algunos oligopolios en en el sector alojativo y por tanto ha posibilitado que un porcentaje de ingresos haya llegado a familias de clase media, además de hacer más accesible las experiencias turísticas más económicas
Economía colaborativa es un modelo de intercambio de productos y servicios basado en la comunicación que nos permite Internet pero en el que nadie sale perdiendo, todos ganan. Y cuando el ánimo lucrativo es el que manda o lo único que importa, siempre hay alguien que pierde (la mayoría) porque unos pocos se enriquecen excesivamente.
La verdadera economía colaborativa la conforman aquellos modelos de producción, consumo o financiación que se basan en la intermediación entre la oferta y la demanda generada en relaciones entre iguales (P2P o B2B), o bien de particular a profesional, a través de plataformas digitales que no prestan el servicio subyacente, generando un mayor aprovechamiento de los bienes y recursos existentes pero infrautilizados. De esta manera, la economía colaborativa permite utilizar, compartir, intercambiar o invertir recursos o bienes, pudiendo existir o no una contraprestación monetaria entre los usuarios.
Las plataformas CouchSurfing, Bedycasa, Homeexchange, blabla car, los bancos del tiempo, etc se ajustan más a este modelo de economía colaborativa que no tiene efectos secundarios negativos y que no basan su modelo de negocio en la explotación laboral de los supuestos “emprendedores”, ni el encarecimiento de los alquileres de viviendas en los centros urbanos y turísticos que hacen menos accesible la vivienda.
Algunos ejemplos de las experiencias más conocidas: Cuando existe una contraprestación económica: Bla bla car consigue utilizar el recurso infrautilizado de un coche casi vacío en un servicio de transporte más barato para el que paga (viajero) y unos ingresos extra para el conductor (que pone su coche y por tanto cobra) que le servirá para financiar parte de su viaje, y mientras ambos pueden entretenerse en una conversación que hará que el viaje sea más ameno. Aunque hay dinero en la relación, no existe ánimo de lucro (si exceptuamos las comisiones que se lleva la empresa que gestiona la Plataforma).
En el otro ejemplo no hay ni ánimo lucrativo, ni siquiera cobro de servicios. Homexchange, o intercambio de casas que ha ido derivando en un comercio virtual a través de moneda virtual (Guest points) que nos posibilita utilizar casas alrededor del mundo de forma “gratuita” (solo pagamos Guest points) gracias a que previamente hemos prestado nosotros la nuestra lo que nos permite recibir Guest points. Por tanto no hay pago en moneda real.
En ambos servicios no hay ánimo lucrativo (solo las plataformas), se aprovecha un recurso infrautilizado (tu casa vacía o el asiento de tu coche que está vacío), suponiendo un beneficio mutuo entre las partes que acuerdan. Es la economía colaborativa, otra formulación de la economía social. Una economía basada en resolver problemas y en mejorar nuestro bienestar, no engrosa la cuenta de resultados de las empresas
Otros ejemplos de economía colaborativa son los proconsumidores, es decir las personas que al mismo tiempo son productores y consumidores pero estos merecen un capítulo aparte que analizamos más adelante.
Sobre el concepto de economía colaborativa y su capacidad para ir generando “otro mundo” han reflexionado algunos autores como Jeremy Rifkin que utiliza otro término: el «procomún«. Señala Rifkin que además de la propiedad pública y privada, existe una tercera categoría de la propiedad según su titularidad. Es una propiedad pública en tanto que pertenece y es gestionada por el conjunto de la sociedad, pero no está en manos de los particulares ni del Estado. Esto conformaría el denominado «procomún» y pone ejemplos con algunas “marcas” muy conocidas que tienen el sello del procomún: Creative Commons, Linux, Wikipedia, Bitcoin, etc.
Gracias a la economía que ha ido implantando Internet, se nos da la oportunidad de dejar de ser sólo consumidores y pasar a ser prosumidores, micromecenas, ciudadanos productores y activistas Creemos que la participación y empoderamiento del ciudadano como productor de valor será muy positivo. Esa tendencia lucha contra la otra: el poder de las grandes corporaciones.
Otro Mundo más justo, más solidario, más vivible será aquel en el que la economía colaborativa “verdadera” vaya consiguiendo espacios cada vez más amplios y logre reducir el protagonismo que el modelo de empresas tradicional ocupa en la prestación de bienes y servicios que cualquier sociedad requiere.