
El negocio global de las armas no está en manos de los Estados, como suele creerse, sino dominado por grandes corporaciones privadas cuyos intereses económicos están estrechamente ligados a la existencia de conflictos armados. Así lo expone Carolina Flynn en su artículo publicado por Clima Terra, donde analiza quiénes son los verdaderos dueños de las empresas armamentísticas y cómo su estructura de propiedad incide en las dinámicas de guerra.
Estas compañías no solo fabrican y venden armas, sino que también ofrecen apoyo logístico, servicios militares y contratistas privados a los ejércitos en conflicto. En este modelo, los accionistas —grandes fondos de inversión, bancos y élites económicas— se convierten en los principales beneficiarios del mantenimiento de la guerra como negocio.
Desde esta perspectiva, la diplomacia y la cooperación internacional representan una amenaza a sus intereses financieros. Cuanto mayor es la tensión geopolítica, mayor es su rentabilidad.
El artículo cita un informe del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI) que revela que, en 2021, las ventas de armas y servicios militares de las 100 mayores empresas del sector alcanzaron los 592.000 millones de dólares, consolidando un crecimiento continuo durante siete años consecutivos.
Este análisis desmonta la idea de que la industria armamentística responde a necesidades defensivas: en realidad, se trata de un negocio estructurado y altamente rentable, sostenido por intereses privados que se benefician directamente de la inestabilidad global.
Puedes consultar el artículo original en Clima Terra: ¿Quiénes son los dueños de las empresas armamentísticas?